NOTA DE PRENSA
UN ESTUDIO LLEVADO A CABO EN SIETE HOSPITALES ANDALUCES CONSTATA CÓMO UN NUEVO TRATAMIENTO LOGRA CONTROLAR UN TIPO DE TUMOR CEREBRAL EN CASI EL 97% DE LOS PACIENTES
• La investigación, presentada en el congreso de la Asociación Europea de Neurooncología (EANO) y premiado por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), analiza la evolución de 58 pacientes tratados exitosamente en siete centros andaluces.
• Los resultados muestran que la mayoría de los pacientes mantuvieron estable su tumor y que el tratamiento presentó una buena tolerancia sin deteriorar la función neurocognitiva; lo que aporta nuevos datos sobre una alternativa terapéutica que busca cambiar la evolución de estos tumores.
Martes, 6 de octubre de 2026.- Un estudio realizado entre siete hospitales andaluces ha constatado un elevado control de la enfermedad en pacientes con gliomas de bajo (grado 2), un tumor cuya mayor incidencia se da en la segunda-cuarta época de la vida, de crecimiento habitualmente lento, pero con tendencia a reaparecer y progresar; y que causa un gran impacto social al afectar a pacientes en su punto álgido de desarrollo familiar y laboral. La investigación, presentada en el congreso de la Asociación Europea de Neurooncología (EANO), celebrado hace dos semanas en Roma (Italia) y en el congreso de la Sociedad Española de Oncología médica (SEOM) celebrado en Madrid la pasada semana; analiza los resultados de 58 pacientes atendidos en siete centros de andaluces entre 2024 y 2025, con gliomas de grado 2 y tratados con vorasidenib, un fármaco inhibidor de la enzima IDH expresada en el 100% de estos tumores.
Los resultados muestran que el 96% de los pacientes presentó un control de la enfermedad, principalmente mediante la estabilización del tumor. Además, el tratamiento tuvo una buena tolerancia general: su principal efecto secundario fue la elevación de las enzimas hepáticas y solo uno de los 58 pacientes tuvo que interrumpirlo por toxicidad.
El trabajo aporta así nuevos datos sobre el uso de una terapia dirigida que actúa específicamente sobre las alteraciones genéticas de estos tumores. Su interés radica en la posibilidad de controlar su evolución y retrasar la necesidad de recurrir al estándar de tratamiento previo, que era la combinación de radioterapia y quimioterapia, que causaba un mayor deterioro neurológico y físico en estos pacientes.
Tumores que afectan principalmente a personas jóvenes y pueden reaparecer con el tiempo
Los gliomas de grado 2 con mutaciones en los genes IDH1 o IDH2 son tumores cerebrales que afectan principalmente a personas jóvenes. Aunque se caracterizan por un lento crecimiento, muestran una elevada tendencia a la recurrencia después del tratamiento inicial y, con el tiempo, pueden evolucionar hacia formas más agresivas de cáncer.
Una de las principales manifestaciones de estos tumores son las crisis epilépticas, que pueden afectar considerablemente a la vida cotidiana de los pacientes. A esta circunstancia se suma la necesidad de mantener un seguimiento médico prolongado, ya que la enfermedad puede evolucionar durante años. Según los datos recogidos en el estudio, la supervivencia global mediana de este grupo de pacientes se sitúa en torno a los 13 años.
Hasta ahora, después de la cirugía, las opciones habituales han sido mantener una vigilancia periódica para controlar la evolución del tumor o recurrir a la radioterapia y la quimioterapia, dependiendo de las características de cada paciente y de su enfermedad. Aunque estos tratamientos permiten abordar la evolución del cáncer, también pueden provocar efectos secundarios que persistan a largo plazo, entre ellos alteraciones de las capacidades cognitivas, como la memoria o la atención.
Esta circunstancia resulta especialmente importante en personas jóvenes, que pueden convivir durante muchos años con la enfermedad y para quienes preservar su autonomía y calidad de vida constituye un aspecto fundamental del tratamiento.
En este escenario, el vorasidenib supone una nueva alternativa terapéutica. Se trata de un fármaco que actúa sobre las enzimas IDH1 e IDH2 cuando presentan determinadas mutaciones, es decir, alteraciones genéticas que intervienen en el desarrollo de estos tumores. Su objetivo es actuar de manera específica sobre uno de los mecanismos implicados en el crecimiento tumoral.
UN ESTUDIO LLEVADO A CABO EN SIETE HOSPITALES ANDALUCES CONSTATA CÓMO UN NUEVO TRATAMIENTO LOGRA CONTROLAR UN TIPO DE TUMOR CEREBRAL EN CASI EL 97% DE LOS PACIENTES
• La investigación, presentada en el congreso de la Asociación Europea de Neurooncología (EANO) y premiado por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), analiza la evolución de 58 pacientes tratados exitosamente en siete centros andaluces.
• Los resultados muestran que la mayoría de los pacientes mantuvieron estable su tumor y que el tratamiento presentó una buena tolerancia sin deteriorar la función neurocognitiva; lo que aporta nuevos datos sobre una alternativa terapéutica que busca cambiar la evolución de estos tumores.
Martes, 6 de octubre de 2026.- Un estudio realizado entre siete hospitales andaluces ha constatado un elevado control de la enfermedad en pacientes con gliomas de bajo (grado 2), un tumor cuya mayor incidencia se da en la segunda-cuarta época de la vida, de crecimiento habitualmente lento, pero con tendencia a reaparecer y progresar; y que causa un gran impacto social al afectar a pacientes en su punto álgido de desarrollo familiar y laboral. La investigación, presentada en el congreso de la Asociación Europea de Neurooncología (EANO), celebrado hace dos semanas en Roma (Italia) y en el congreso de la Sociedad Española de Oncología médica (SEOM) celebrado en Madrid la pasada semana; analiza los resultados de 58 pacientes atendidos en siete centros de andaluces entre 2024 y 2025, con gliomas de grado 2 y tratados con vorasidenib, un fármaco inhibidor de la enzima IDH expresada en el 100% de estos tumores.
Los resultados muestran que el 96% de los pacientes presentó un control de la enfermedad, principalmente mediante la estabilización del tumor. Además, el tratamiento tuvo una buena tolerancia general: su principal efecto secundario fue la elevación de las enzimas hepáticas y solo uno de los 58 pacientes tuvo que interrumpirlo por toxicidad.
El trabajo aporta así nuevos datos sobre el uso de una terapia dirigida que actúa específicamente sobre las alteraciones genéticas de estos tumores. Su interés radica en la posibilidad de controlar su evolución y retrasar la necesidad de recurrir al estándar de tratamiento previo, que era la combinación de radioterapia y quimioterapia, que causaba un mayor deterioro neurológico y físico en estos pacientes.
Tumores que afectan principalmente a personas jóvenes y pueden reaparecer con el tiempo
Los gliomas de grado 2 con mutaciones en los genes IDH1 o IDH2 son tumores cerebrales que afectan principalmente a personas jóvenes. Aunque se caracterizan por un lento crecimiento, muestran una elevada tendencia a la recurrencia después del tratamiento inicial y, con el tiempo, pueden evolucionar hacia formas más agresivas de cáncer.
Una de las principales manifestaciones de estos tumores son las crisis epilépticas, que pueden afectar considerablemente a la vida cotidiana de los pacientes. A esta circunstancia se suma la necesidad de mantener un seguimiento médico prolongado, ya que la enfermedad puede evolucionar durante años. Según los datos recogidos en el estudio, la supervivencia global mediana de este grupo de pacientes se sitúa en torno a los 13 años.
Hasta ahora, después de la cirugía, las opciones habituales han sido mantener una vigilancia periódica para controlar la evolución del tumor o recurrir a la radioterapia y la quimioterapia, dependiendo de las características de cada paciente y de su enfermedad. Aunque estos tratamientos permiten abordar la evolución del cáncer, también pueden provocar efectos secundarios que persistan a largo plazo, entre ellos alteraciones de las capacidades cognitivas, como la memoria o la atención.
Esta circunstancia resulta especialmente importante en personas jóvenes, que pueden convivir durante muchos años con la enfermedad y para quienes preservar su autonomía y calidad de vida constituye un aspecto fundamental del tratamiento.
En este escenario, el vorasidenib supone una nueva alternativa terapéutica. Se trata de un fármaco que actúa sobre las enzimas IDH1 e IDH2 cuando presentan determinadas mutaciones, es decir, alteraciones genéticas que intervienen en el desarrollo de estos tumores. Su objetivo es actuar de manera específica sobre uno de los mecanismos implicados en el crecimiento tumoral.
La incorporación de este tratamiento se apoya en los resultados del ensayo clínico internacional INDIGO, que demostró una mejora significativa del tiempo durante el cual los pacientes permanecían sin que la enfermedad progresara. Estos resultados abrieron la posibilidad de retrasar la utilización de tratamientos más agresivos, una cuestión especialmente relevante en pacientes con una larga expectativa de vida.
El 96 % de los pacientes mantuvo controlada la enfermedad
El estudio andaluz es una investigación multicéntrica, observacional y retrospectiva. En total, se incluyeron 58 personas con gliomas de grado 2 y mutaciones de IDH que recibieron vorasidenib a través de un programa de acceso expandido en los siete centros participantes, entre 2024 y 2025. La edad mediana de los pacientes fue de 40 años y el 50% eran mujeres. En cuanto a las características de sus tumores, 53 pacientes presentaron mutación en IDH1 y 5 en IDH2. A nivel histológico, 30 (51,72%) presentaban un oligodendrogliomas y 28 (48,28%) un astrocitoma, dos tipos de glioma que se diferencian por sus características celulares y moleculares.
Los antecedentes clínicos de los participantes también reflejan la complejidad de esta enfermedad. 18 pacientes (el 31%) habían sido sometidos al menos a dos intervenciones quirúrgicas. De media, transcurrieron 3 meses desde la última intervención quirúrgica hasta el inicio del tratamiento con vorasidenib.
Uno de los principales resultados de la investigación es que el 96,5 % de los pacientes alcanzó el control de la enfermedad, de acuerdo con los criterios internacionales RANO-LGG, que permiten evaluar la evolución radiológica de los gliomas de bajo grado mediante pruebas de imagen y otros parámetros clínicos.
En concreto, 50 pacientes (el 86,3%) mantuvieron estable su enfermedad, lo que significa que el tumor no mostró un crecimiento significativo durante el periodo de evaluación. Otros cinco pacientes (el 8,6%) alcanzaron una respuesta parcial, mientras que en tres (el 5,1%) se constató una progresión tumoral.
Otro dato relevante es que, en el momento del análisis, todavía no se había alcanzado la mediana de supervivencia libre de progresión, es decir, el periodo en el que la mitad de los pacientes permanece sin que su enfermedad empeore. El seguimiento mediano de los participantes fue de 9,4 meses, por lo que será necesario disponer de más tiempo de observación para conocer con mayor precisión la duración del control de la enfermedad. Estos resultados ofrecen una primera aproximación a la evolución de los pacientes tratados en los hospitales andaluces y permiten complementar la información disponible procedente de los ensayos clínicos con la experiencia acumulada en la práctica asistencial habitual.
Buena tolerancia y evolución de las crisis epilépticas
Además de analizar la respuesta de los tumores, los investigadores estudiaron los efectos secundarios del tratamiento y su evolución clínica. La elevación de las transaminasas, es decir de enzimas hepáticas, fue el efecto adverso más frecuente. Se observó en 21 pacientes (el 36,2%) pero tan solo fue grave en 4 pacientes, que requirieron una vigilancia y manejo clínico más estrecho.
Pese a este efecto secundario, el tratamiento mostró una buena tolerancia general. Sólo uno de los 58 pacientes tuvo que abandonarlo por toxicidad. El control de las crisis epilépticas constituye otro de los aspectos de interés del estudio, ya que estas pueden repercutir directamente en la autonomía y la calidad de vida de las personas afectadas. De los 58 pacientes analizados, 24 presentaban crisis comiciales previas al inicio del tratamiento y de estos, 19 (79,16%) lograron su control tras el inicio del tratamiento.
La investigación andaluza amplía el conocimiento sobre los nuevos tratamientos dirigidos
Este trabajo permite conocer la experiencia acumulada en siete hospitales universitarios andaluces con el uso de vorasidenib en condiciones de práctica clínica real. A diferencia de los ensayos clínicos, que se desarrollan bajo criterios de selección y seguimiento específicos, los estudios observacionales permiten analizar los resultados obtenidos en la atención habitual de los pacientes y aportar información complementaria sobre el uso de los tratamientos.
Los investigadores concluyen que el vorasidenib ha mostrado una elevada tasa de control radiológico y clínico de la enfermedad, junto con un perfil de seguridad favorable. También señalan mejoras en la funcionalidad y la calidad de vida de los pacientes. La investigación es un ejemplo de colaboración entre distintas especialidades médicas y pone en valor su implicación y compromiso en el acercamiento de las terapias más novedosas a la población andaluza.
Para más información:
Gabinete de comunicación de la Sociedad Andaluza de Oncología Médica (605 603 382)
El 96 % de los pacientes mantuvo controlada la enfermedad
El estudio andaluz es una investigación multicéntrica, observacional y retrospectiva. En total, se incluyeron 58 personas con gliomas de grado 2 y mutaciones de IDH que recibieron vorasidenib a través de un programa de acceso expandido en los siete centros participantes, entre 2024 y 2025. La edad mediana de los pacientes fue de 40 años y el 50% eran mujeres. En cuanto a las características de sus tumores, 53 pacientes presentaron mutación en IDH1 y 5 en IDH2. A nivel histológico, 30 (51,72%) presentaban un oligodendrogliomas y 28 (48,28%) un astrocitoma, dos tipos de glioma que se diferencian por sus características celulares y moleculares.
Los antecedentes clínicos de los participantes también reflejan la complejidad de esta enfermedad. 18 pacientes (el 31%) habían sido sometidos al menos a dos intervenciones quirúrgicas. De media, transcurrieron 3 meses desde la última intervención quirúrgica hasta el inicio del tratamiento con vorasidenib.
Uno de los principales resultados de la investigación es que el 96,5 % de los pacientes alcanzó el control de la enfermedad, de acuerdo con los criterios internacionales RANO-LGG, que permiten evaluar la evolución radiológica de los gliomas de bajo grado mediante pruebas de imagen y otros parámetros clínicos.
En concreto, 50 pacientes (el 86,3%) mantuvieron estable su enfermedad, lo que significa que el tumor no mostró un crecimiento significativo durante el periodo de evaluación. Otros cinco pacientes (el 8,6%) alcanzaron una respuesta parcial, mientras que en tres (el 5,1%) se constató una progresión tumoral.
Otro dato relevante es que, en el momento del análisis, todavía no se había alcanzado la mediana de supervivencia libre de progresión, es decir, el periodo en el que la mitad de los pacientes permanece sin que su enfermedad empeore. El seguimiento mediano de los participantes fue de 9,4 meses, por lo que será necesario disponer de más tiempo de observación para conocer con mayor precisión la duración del control de la enfermedad. Estos resultados ofrecen una primera aproximación a la evolución de los pacientes tratados en los hospitales andaluces y permiten complementar la información disponible procedente de los ensayos clínicos con la experiencia acumulada en la práctica asistencial habitual.
Buena tolerancia y evolución de las crisis epilépticas
Además de analizar la respuesta de los tumores, los investigadores estudiaron los efectos secundarios del tratamiento y su evolución clínica. La elevación de las transaminasas, es decir de enzimas hepáticas, fue el efecto adverso más frecuente. Se observó en 21 pacientes (el 36,2%) pero tan solo fue grave en 4 pacientes, que requirieron una vigilancia y manejo clínico más estrecho.
Pese a este efecto secundario, el tratamiento mostró una buena tolerancia general. Sólo uno de los 58 pacientes tuvo que abandonarlo por toxicidad. El control de las crisis epilépticas constituye otro de los aspectos de interés del estudio, ya que estas pueden repercutir directamente en la autonomía y la calidad de vida de las personas afectadas. De los 58 pacientes analizados, 24 presentaban crisis comiciales previas al inicio del tratamiento y de estos, 19 (79,16%) lograron su control tras el inicio del tratamiento.
La investigación andaluza amplía el conocimiento sobre los nuevos tratamientos dirigidos
Este trabajo permite conocer la experiencia acumulada en siete hospitales universitarios andaluces con el uso de vorasidenib en condiciones de práctica clínica real. A diferencia de los ensayos clínicos, que se desarrollan bajo criterios de selección y seguimiento específicos, los estudios observacionales permiten analizar los resultados obtenidos en la atención habitual de los pacientes y aportar información complementaria sobre el uso de los tratamientos.
Los investigadores concluyen que el vorasidenib ha mostrado una elevada tasa de control radiológico y clínico de la enfermedad, junto con un perfil de seguridad favorable. También señalan mejoras en la funcionalidad y la calidad de vida de los pacientes. La investigación es un ejemplo de colaboración entre distintas especialidades médicas y pone en valor su implicación y compromiso en el acercamiento de las terapias más novedosas a la población andaluza.
Para más información:
Gabinete de comunicación de la Sociedad Andaluza de Oncología Médica (605 603 382)
